COMENTARIO DESTACADO 2

Enviado por Jaime Macías el pasado 6 de marzo. Saludos para él.

“Las presentes generaciones no fueron informadas debidamente de estos movimientos telúricos pasados.”

“He vivido y sentido cuatro grandes terremotos de la zona central, como son los de 1965, 1971, 1985 y este último que abarcó la zona sur de Chile. Por suerte, y gracias a Dios, nunca nos ha pasado nada a mí ni a nuestra familia.

Lamento mucha tanta muerte de gente inocente y la destrucción de caletas, puertos y ciudades. Felicito esta página, porque puede servir de información y educación para la gente. Creo que las presentes generaciones no fueron informadas debidamente de estos movimientos telúricos pasados. Hubo personas que pernoctaron en la playa, después del último terremoto. A lo mejor si hubiesen sabido por cultura o información que el mar se agita y es traicionero, cuando ocurren estos fenómenos, muchas personas se hubiesen salvados”.  

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4 Responses to “COMENTARIO DESTACADO 2”


  1. 1 Sergio Matus M. abril 12, 2010 en 6:16 pm

    El Sábado 21 de Mayo de 1960 me encontraba en Valdivia. Tenía 16 años de edad. Mi madre arrendaba una casa en calle Camilo Henríquez 779, a cuadra y media de la plaza de Armas.
    Desperté a las 06.02 con el movimiento de un sismo de mediana intensidad. Luego a las 06.33, otro sismo de igual característica me hizo encender el receptor de radio para indagar cuál era su epicentro. Pasada las 7 de la mañana me entero por una radio local que el epicentro era en Concepción, ambos de 7,2 grados según escala de Mercalli, o sea dos terremotos en 30 minutos.
    En casa, como es lógico, nos preocupamos por tener familiares en Talcahuano, Chiguayante y Concepción. Trato de sintonizar alguna radio de Concepción para indagar del estado en que se encontraban mis tías, tíos y primos. Mi intento por saber de mis familiares fue estéril. Con la llegada de la noche logro sintonizar en AM Radio Universidad de Concepción, quienes se encontraban informando de la destrucción y muertos por causa del sismo. Esto lo complementaban con mensajes de habitantes de la zona que comunicaban a sus familiares que se encontraban con su casa destruida pero con vida. No antes de las 3 de la madrugada, me quedo dormido con la radio encendida sin saber el estado en que se encontraban mis familiares.
    El Domingo 22 de Mayo de 1960, en cuanto despierto, sigo sintonizando la Radio de la Universidad de Concepción, quienes mantienen su servicio al igual que el día anterior. Después de almuerzo mi madre me informa que irá junto con mi hermanita de 11 años recién cumplidos, a visitar a su comadre Catalina Navarro (madrina de mi hermana) al Hospital Regional, quien se encuentra hospitalizada por esos días. Yo con papel y lápiz en mano sigo anotando los mensajes transmitidos por la radio de Concepción dirigidos a Valdivia. Eran las 14.58 horas cuando se siente un temblor de mediana intensidad que silencia las transmisiones de la Radio de la Universidad de Concepción (días después me entero que su epicentro fue en Concepción de magnitud de Mercalli de 7.5 grados).
    Recuerdo que ese domingo el estado del tiempo era inusualmente soleado y cálido, mis amigos y vecinos andaban de paseo. En la calle no se veía tránsito de gente, algo raro se respiraba en el ambiente, me sentí muy solo. Sintonizo una radio de Valdivia para tener información (Radio Camilo Henríquez), quienes enviaban mensajes de Valdivia pidiendo saber de sus parientes en la zona amagada.
    Eran las 15.10 horas cuando siento un sismo con carácter de terremoto (7,5 grados). Desenchufo la radio y salgo hacia el patio interior de la casa, que era un colectivo habitacional, donde me encuentro con la señora Carlota en paños menores (maestra de cocina de la Sociedad Protectora de Empleados, donde la noche anterior se celebró un matrimonio, por lo que mi vecina trabajó hasta altas horas de la madrugada). Ella llorando me dice: Chechito, si viene otro más fuerte y no despierto, por favor avíseme. Yo en son de broma le dije: señora Carlota, vístase que ya viene otro más fuerte, ayer fue en Concepción y parece que hoy es en Valdivia. No juegue con eso hijo, me dice ella.
    Con el movimiento del sismo se cayeron algunas cosas en la casa, las recogí y puse bajo la cama junto a mi tesoro más preciado, el receptor de radio, ya que se había cortado la luz y poco me servía hasta que no retornase el suministro. Sin entender por qué, me puse mi abrigo, a pesar de no hacer frío a esa hora. Salí al patio común queriendo ver a alguien. Eché un vistazo rápido sin resultado. Luego volví a mi habitación para esperar el regreso de mi madre junto a mi hermana.
    En esos momentos se siente un ruido muy fuerte. En seguida comienza el gran sismo, eran las 15.40 horas. Salgo de casa afirmándome de cables que servían como tendederos de ropa. Era imposible mantenerse en pie. Avancé hasta el centro del patio, ya que a un costado había un cortafuegos de ladrillo como de 6 metros de alto y, al otro costado, un antiguo caserón de madera (el patio no medía más de 12 metros de largo por 6 de ancho).
    Ruidos espantosos por la caída de casas, postes y de personas pidiendo clemencia a Dios. El agua saltaba en las piletas que servían como lavaderos. El caserón donde se afirmaban los tendederos se derrumba. Caigo al suelo, al costado de la pequeña noria que divide el patio en dos. Siento en mi estómago un movimiento como de olas, primero eran ondas de este a oeste, luego de norte a sur. Las maderas que guían el cause de la noria se rompen. No sé cuanto tiempo transcurre. Cesan los gritos de auxilio y caída de las casas, mientras sigue temblando. Cada vez más fuerte, se siente un ruido como el producido por un gran temporal de viento. Los cables que aún quedan en los postes a medio derrumbarse, silban como la peor noche de invierno. No pienso en nada, todo es extraño, me abrazo al suelo de tierra húmeda. A lo lejos se sienten caer unas paredes. Finalmente cae el cortafuegos vecino. Doy gracias a Dios porque lo hace de manera vertical, alrededor mío caen restos de ladrillos. Por fin termina la pesadilla del sismo, me olvidé totalmente de mi vecina Carlota, después la encontré en la calle de rodillas llorando.
    Como puedo entro a lo que quedaba de casa, haciendo a un lado el marco de la puerta que estaba totalmente astillado. Las paredes con la mayoría del entablado, sobre mi cama. Salgo al patio y abro la llave de agua para juntar un poco en un balde sin resultado. Me abro camino por un costado de la casa hasta llegar a la calle sin dejar mi balde. Desde pequeño fui Boy Scout y luego voluntario de la Cruz Roja, sabía lo importante de conseguir agua lo más pronto posible. Camino por Camilo Henríquez hasta llegar a la calle Yerbas Buenas. Cruzo Vicente Pérez Rosales y General Lados hasta llegar a la Peña (donde se embarcaban en botes las personas que trabajaban en la fabrica Calzados Rudlof, ubicada en la Isla Teja), lugar de natación preferido por nosotros en verano. Inmensa fue mi sorpresa, ver como el río arrastraba de mar a cordillera todo a su paso, embarcaciones, árboles, casas, cada vez con más fuerza. El río aumentaba su volumen a cada momento, todo era en silencio. Yo era el único que se encontraba en el embarcadero, que por ser de madera comenzaba a crujir tétricamente. Llené mi balde lo más rápido posible y volví a lo que quedaba de mi casa. Durante mi regreso me crucé con personas que corrían vestidas sólo en camisa de dormir (eran enfermos del hospital que buscaban a sus familiares), llorando gritaban que había que arrancar a los cerros porque se venía el maremoto.
    Ya frente a lo que quedaba de mi casa, a medio derrumbarse, entré a buscar un martillo, solté unas vigas, como 8 planchas de zinc, tablas que me sirvieron para el piso y clavos. Crucé la calle y me puse a construir una mediagua en la pared que había resistido al terremoto, pared que pertenecía a la Pastelería Engelmayer. Apareció el Chapa (amigo de infancia, le llamábamos así para abreviar su apellido, Etcheparreborde), quien me ayudó haciendo los hoyos para enterrar las vigas verticales. Ya comenzaba a oscurecer cuando terminados de construir el techo que por más de un mes nos sirvió como refugio.
    El cielo comenzó a nublarse. Invité a mi amigo a hacer fuego con pedazos de madera para poner a hervir la tetera y tomarnos un tecito mientras esperaba a mi mamá y mi hermana, quienes a los pocos minutos se presentan y nos sirven el ansiado té. Jamás probé algo peor. El agua que traje del río no era dulce, con el maremoto se encontraba totalmente salobre. Me acordé que al fondo del pasaje donde vivía el Pedro había una vertiente. Fui en busca de agua, la que fluía en pequeña cantidad; pero lo suficiente para llenar nuevamente la tetera. Mientras se calentaba, caminé hasta la calle Arauco con Camilo Henríquez, lugar donde se encontraba la Confitería Sur, una casona antigua muy bonita de dos pisos. Lo único que quedó de ella fue el tubo de aguas servidas que sostenía la taza del WC, ubicado en el segundo piso. Tropecé entre los escombros esparcidos por la calle con un cajón de caramelos de miel, que me llevé hasta la mediagua recién construida.
    Ya entrando la noche, y con preocupación de mi mamá, entro a la casa a sacar las camas, una mesita, 3 o 4 sillas y algo de ropa de abrigo para pasar la noche. Hicimos una fogata mientras sentíamos los disparos por ser hora del toque de queda. No faltaron las patrullas de militares que se calentaron las manos en nuestra fogata y se tomaron un té. No nos dejaban sin antes decirnos que no nos moviéramos del lugar porque ellos tenían orden de disparar a quién sorprendieran en la calle sin autorización.
    A cada instante temblaba. Al mirar hacia los cerros se veían las fogatas de quienes buscaron refugio por el maremoto. Esa noche no dormimos. Creo que en la mediagua cupimos 3 familias, era de 3 por 7 metros aproximadamente. Nunca sentí tanto miedo como esa noche.
    Eso fue lo que hice el día del terremoto y maremoto del 22 de Mayo en Valdivia. Después me enteré que fue de magnitud 9.5 Richter con una duración de 10 minutos + –.

    Sergio Matus Matus
    La Serena

  2. 2 Fernando abril 3, 2010 en 10:10 pm

    Algunos vídeos subidos a YouTube del terremoto más fuerte en la historia mundial. Sucedió en Valdivia el 22 de Mayo de 1960 con una magnitud de 9.5 en la escala de Richter.

    Vídeo de TVN:

    Terremoto Valdivia, 22 de Mayo 1960 1/2:

    Terremoto Valdivia, 22 de Mayo 1960 2/2:

    Valdivia terremoto y maremoto:

    Tsunami de 1960:

    Valdivia:

  3. 3 nory stadler abril 2, 2010 en 11:57 pm

    les felicito por la conmemoración que se está haciendo por los 50 años del terremoto más grande de la historia del mundo. yo lo pasé y recuerdo que fue terrible, aunque era pequeña. y las replicas eran super seguidas día y noche. quedamos aislados. mucha gente no sabe mucho de nosotros, pero creo que ahora nos van conociendo, aunque sea por un terremoto. les felicito una vez más. un abrazo, nory.

  4. 4 Mario Lopez Q. abril 2, 2010 en 5:33 pm

    me recuerdo que yo tenía 11 años para el terremoto de Valdivia. era un día Domingo y me encontraba en el departamento de mis padres que era de 5 pisos. empezó un movimiento fuerte, sentí pánico pues se caían las cosas, los muebles se corrían de posición y también los cuadros. bajamos al primer piso y seguía temblando fuerte. alcanzamos a llegar al frente del primer piso, y vi que la copa de agua que estaba arriba del quinto piso se rompió y derramó el agua. todo el edificio se resquebrajó. y seguía temblando y no paraba, era tan fuerte que la tierra del piso se movía, y parecía que estaba nublado. los árboles de un campo deportivo que estaba al frente de la CORVI en esa época, se caían y aplastaban las murallas. en esos momentos me puse a pensar, y me sentí del porte de una hormiga.
    ese fue el primero para mí. sentí el del 85, pero no tanto como el del 60. y el último de este año, ya tenía experiencia en estos terremotos y para serle franco no sentí miedo. he vivido tres terremotos y un consejo doy: no hay que apresurarse en correr, tener tranquilidad es lo mejor.


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