Bienvenidos

Sean todas y todos bienvenidos al blog del proyecto Conmemoración de los 50 años del Terremoto de Valdivia de mayo de 1960, sobre el histórico sismo que azotó el sur de Chile, y que creemos necesario retomar como parte de nuestra memoria colectiva e identidad.

La propuesta radica en llevar las experiencias personales y familiares al espacio público para compartirlas con la comunidad. Puedes aportar acá para colaborar con testimonios, material gráfico o lo que desees.

Abrimos este espacio para comenzar, contactarnos y estar vinculados. Sin embargo, se trata de algo momentáneo. En los próximos meses lanzaremos www.terremotovaldivia.cl, y este blog dejará de funcionar. Así que por mientras navégalo y conoce la iniciativa, quiénes somos y cómo sumarte.

¡Adelante!

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5 Responses to “Bienvenidos”


  1. 1 Oscar Silva abril 3, 2010 en 3:49 am

    Felicitaciones por la iniciativa de crear esta página y así recopilar la historia.
    Quien suscribe, estuvo en Valdivia en aquella oportunidad, entre el lunes 6 de junio y el lunes 8 de agosto de 1960. Era alumno de la Escuela de Infantería de San Bernardo. Así que conozco el tema en vivo y en directo post terremoto y maremoto, osea, en primera línea. Después vino el Riñihue.
    Pero por el momento quiero aclarar lo siguiente: El Libro “Hazaña del Riñihue, El terremoto de 1960 y la resurrección de Valdivia”, del historiador Leopoldo Castedo (Q.E.P.D.). Biblioteca Claves de Chile, Editorial Sudamericana” (su nombre completo, y con un ejemplar en mi biblioteca)
    Su primera edición corresponde al mes de julio del año 2000. ISBN Nº 956-262-102-2.
    Muy atentamente.

  2. 2 jorge gonzalez barrientos enero 29, 2010 en 1:52 am

    Me agrada mucho la idea de recopilar fotos de nuestra historia. Nos permite conocernos más y conocer cómo llegamos a ser la región que hoy somos.
    Yo en facebook creé un grupo que se llama “valdivia del ayer”. En el mantengo muchas fotos antiguas de nuestro valdivia la cuales por alguna forma llegaron a mis manos. Otras fueron sacadas de un fotolog. Son muy buenas, me gustaría que pudieran verlas.
    http://www.facebook.com/groups.php?ref=sb#/group.php?gid=232894227946
    Y como dije, es muy buena la idea de conocer más sobre nuestra historia valdiviana.

  3. 3 gonzalo schwenke enero 24, 2010 en 4:39 am

    ¿Podrían hacerlo otra vez este año? No alcancé a ir.
    Además, las que uds. obtuvieron ¿dónde las están mostrando?
    Saludos

    • 4 terremotovaldiviablog enero 24, 2010 en 4:18 pm

      Gonzalo. Efectivamente lo haremos otra vez. Cuando tengamos la seguridad en la fecha lo publicaremos y difundiremos.
      Las fotos las proyectamos en el Paseo Libertad a la vuelta de Correos. Haremos más presentaciones públicas como esa.
      De todos modos, te dejamos invitado a que asistas y lleves tus fotos a Corral el próximo sábado 30 de enero desde las 11:00 en el Liceo Carlos Haverbeck.
      Te puedo adelantar que en las sesiones del viernes y sábado en Correos llegaron fotos realmente muy interesantes. Muchas de la familia de las personas que compartieron sus fotos, con un paisaje local detrás o una situación cotidiana que nos enseña ahora como era Valdivia antes, durante y después del Terremoto. Se las devolvimos con un CD. Hay algunas muy emocionantes.
      Saludos,
      GTT

  4. 5 Arturo C. Flores, Ph.D enero 17, 2010 en 5:06 pm

    He llegado a este sitio después de haberme informado por el diario “Austral” de que se ha querido otorgar un espacio en conmemoración del los 50 años del terremoto del 22 de mayo de 1960. Debo dejar constancia que es una idea excelente para compartir, desde las fronteras del canon histórico, aquellos espacios personales que la memoria alberga de aquel catastrófico evento.

    Como tal vez ocurra con muchos valdivianos, los recuerdos de aquel negro día están muy cerca del presente en que las imágenes se van transformando en palabras.
    Vivíamos en la Isla Teja y, como bien se sabe, era un apacible domingo donde después del almuerzo familiar, junto a un primo que estaba de visita decidimos comenzar una pichanga para lo cual debíamos localizar al resto de los jugadores en sus respectivas casas. Estábamos en esto cuando, junto a unos terribles ruidos subterráneos, la tierra comenzó a agitarse tan violentamente que era imposible correr, que era lo que hacíamos, hasta nuestras casas como si realmente éstas fueran seguros albergues ante tamaño cataclismo.
    El miedo que sentí junto a muchos es ahora, después de cincuenta años, indescriptible. Siendo imposible correr o caminar, nos arrastrábamos y muchos de nosotros tratamos de rezar en medio de nuestro llanto de niños, ya que lo único que queríamos era llegar a casa y estar con nuestros padres. Desde el suelo tratando de incorporarme, y en medio de los terribles ruidos subterráneos, se podía ver al otro lado del río el polvo de los edificios que se desplomaban. No creo que haya pasado demasiado tiempo hasta que logré llegar a nuestra casa que, como ahora es lógico pensarlo, no logró soportar la violencia del sismo. Recuerdo la imagen de mi padre tratando de sacar a mi madre y a mi hermana del segundo piso de nuestra casa.
    Cuando la conmoción todavía no terminaba, se escuchan gritos de que las aguas río están subiendo. Junto a mi padre corrimos hasta donde se encontraban algunos vecinos presenciando las cosas que el río llevaba consigo rumbo a Collico, en medio de una gruesa espuma de color café: casas, gallineros con algunas gallinas en sus techos, troncos de árboles, animales muertos.
    A todo esto, el tiempo no cesa de transcurrir en medio de aquellos horribles ruidos subterráneos. Se oscurece y hay que improvisar un lugar para pasar la noche, algún lugar lejos de las aguas que ya han invadido nuestra casa. De aquella noche recuerdo una gran fogata, llanto y, junto a mi propio miedo, la solidaridad de los vecinos y de otras personas que tal vez por estar lejos de sus propias casas decidieron pasar esa noche alrededor del calor de aquella fogata.

    No estuve en Valdivia mucho tiempo después de ese 22 de mayo, puesto que a mediados de junio comienza para mí, y para muchos, la segunda parte de aquel año 1960. Como las aguas del lago Riñihue no tenían salida por su curso natural debido a los derrumbes producidos, no se sabía cuáles iban a ser los resultados de los trabajos que se realizaban para impedir, río abajo, una catástrofe de proporciones. Ante esto, las autoridades decidieron evacuar hacia el norte a todos los escolares menores de 17 años. Así fue como una helada tarde de un lluvioso día de junio, niños y niñas adolescentes llegaron acompañados de padres, yo de mi madre, hasta el muelle de la antigua aduana para ser trasladados en una barcaza de la Armada rumbo a Corral. Desde la plataforma de aquella embarcación, de nombre “Gueicolea” si mal no recuerdo, vi el lloroso rostro de mi madre mientras nos alejábamos del muelle. Muchos llorábamos porque no sabíamos cuál sería el destino final y, con seguridad, por el simple hecho de saber que íbamos a estar separados de nuestras familias. Sólo sabíamos que viajábamos “al norte”, lejos de los escombros de la ciudad y su río. Al llegar a Corral, ya al anochecer, pudimos ver la imponente figura del crucero Prat que nos habría de transportar hasta Valparaíso.

    Lo que pasó después es otra historia tal vez digna de contar en otra ocasión. Con todo, en la medida en que escribo esto al correr del teclado, se vienen a la mente situaciones, lugares y especialmente rostros sin nombres ante los cuales es imposible no preguntarse qué ha pasado con ellos. Pero ahí está y queda esta parte de mi historia personal que, más que nada, constituye parte de mi formación e idiosincrasia. Mal que mal han pasado ya cincuenta años.

    Gracias por la oportunidad.


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Este proyecto es una invitación a recordar públicamente el Terremoto de 1960. La idea es contribuir a la construcción de nuestra memoria y al aprendizaje frente a la realidad sísmica de Chile. Aquí puedes conocer esta iniciativa y participar.

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Santiago: 02.6640170
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